En el año en que se conmemoran cinco siglos del impulso intelectual que dio lugar a la Escuela de Salamanca —y del florecimiento paralelo de los estudios jurídicos y teológicos en Coímbra y Évora— asumo la dirección de Escuela Hispánica con una convicción clara: nuestra comunidad intelectual no nace de la nostalgia, sino de la responsabilidad.
España, Portugal e Iberoamérica comparten un linaje histórico e intelectual que ha contribuido de manera decisiva a la reflexión sobre la libertad, el derecho, la dignidad de la persona y el orden político. Se trata de una tradición profundamente marcada por la catolicidad de su horizonte intelectual, que no solo se desarrolló en el mundo ibérico e iberoamericano, sino que se proyectó también hacia otros territorios vinculados históricamente a esa misma comunidad cultural. Ese legado, sin embargo, permanece en buena medida disperso, insuficientemente estudiado o eclipsado por narrativas que han relegado su aportación a un segundo plano.
Escuela Hispánica nace precisamente de la certeza de que el examen riguroso de nuestro pasado común —con la mirada puesta en el futuro— no solo fortalece los vínculos entre nuestras naciones, sino que enriquece el debate político, cultural y jurídico contemporáneo. En esta línea se inscribe, por ejemplo, el Proyecto 1776, actualmente en marcha, que estudia la presencia de la tradición del pensamiento hispánico en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, con el fin de iluminar la proyección atlántica de nuestro pensamiento político y jurídico.
Nuestra tarea no puede limitarse a la mera oposición a corrientes ideológicas contrarias a la libertad. La defensa de la vida, de la dignidad humana y del florecimiento de nuestras sociedades exige fundamentos más hondos. Exige redescubrir, estudiar y actualizar un cuerpo de pensamiento que, aun no siendo lineal ni homogéneo, constituye una tradición intelectual de enorme riqueza.
La historia, la tradición y la fe forman parte de ese sustrato. Pero también lo hace una reflexión política y jurídica que se desarrolló con especial vigor en el ámbito ibérico y americano, y que merece ser conocida en toda su profundidad y complejidad.
En esta nueva etapa queremos consolidar a Escuela Hispánica como un espacio estable de investigación, diálogo y proyección pública. Un lugar donde académicos, investigadores y profesionales puedan trabajar con rigor, publicar, debatir y colaborar en la recuperación y actualización de esta tradición.
No se trata solo de reivindicar un pasado. Se trata de ponerlo al servicio del presente y del futuro.
Para ello necesitamos comunidad. Necesitamos instituciones, investigadores y colaboradores comprometidos con esta tarea común.
Invito a todos aquellos que compartan esta vocación a sumarse a Escuela Hispánica y a participar activamente en esta etapa de consolidación y crecimiento.

