The Invisible Hand of the School of Salamanca: Thomas Jefferson and Cervantine Democracy

Eric-Clifford Graf
Eric-Clifford Graf
GUEST AUTHOR
25/10/2023
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La influencia de la Escuela de Salamanca y de Cervantes en Thomas Jefferson revela cómo la literatura y el pensamiento hispánico moldearon los cimientos de la democracia norteamericana.

«Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos».

— Jorge Luis Borges

Me ratifico de nuevo. La novela de Miguel de Cervantes sigue ofreciéndonos la más simple y elegante manera de demostrar la influencia global de la Escuela de Salamanca. No obstante, sólo me puedo permitir decir eso porque el Fundador de EE. UU., Thomas Jefferson, también fue el mayor hispanista del país más libre de la historia de la humanidad. Y basta ya de chauvinismos. La trayectoria democrática que presento aquí es recíproca, transatlántica y transnacional. Es decir, Cervantes anticipó la esencia de Jefferson; y Jefferson reconoció la esencia de Cervantes.

El legado estético de Jefferson—amante y artista romántico a la vez que estatista y jurista ilustrado—nos señala que la novela de Cervantes es la principal inspiración de su visión del futuro de EE. UU., un futuro que reconoció como inevitablemente hispanoamericano. Sin duda, escritores como Montesquieu y Montaigne fueron importantes para él y sus mejores amigos fueron francófilos y miembros de la aristocracia francesa liberal; pero Jefferson también nos señaló que Montesquieu tenía ciertos problemas teóricos y hemos de admitir que el mismo escepticismo de los ensayos de Montaigne se puede apreciar perfectamente en las novelas de Cervantes.

Efectivamente, tanto en sus cartas personales como en su obra arquitectónica y en sus Notas sobre el Estado de Virginia (1787), las alusiones que el Fundador de la primera república americana hace al autor de la primera novela moderna no son casuales; son profundas y significativas.

A lo largo de los últimos dos siglos la periódica resucitación y reivindicación de la Escuela de Salamanca ha sido una responsabilidad concedida mayormente a politólogos y economistas: Carl Menger, Joseph Schumpeter, Friedrich Hayek, Murray Rothbard y Marjorie Grice-Hutchinson, entre otros. El punto ciego de esa actividad siempre ha sido la historia de la novela. Ese potente conjunto de teólogos, economistas y políticos reformistas de los siglos XVI y XVII—tales luminarios como Vitoria, Las Casas, Azpilcueta, Molina, Mariana, Suárez y Palafox—son imprescindibles para entender que la temática y los principios de múltiples generaciones de pensadores católicos mediterráneos influyeron en la Ilustración escocesa de los siglos XVII y XVIII tanto como en la Escuela austríaca de los XIX y XX.

Sin embargo, apuesto que novelistas como Fernando de Rojas (La Celestina, c. 1499), Diego Hurtado de Mendoza (Lazarillo de Tormes, c. 1554), Miguel de Cervantes (Don Quijote de la Mancha, 1605/15 y Novelas ejemplares, 1613) y María de Zayas (Novelas amorosas, 1637 y Desengaños amorosos, 1647) siempre serán más útiles para demostrar el alcance de las ideas charras.

¿Por qué insisto en la utilidad del arte por encima de la teoría económica y política? Dos razones: (1) La incertidumbre. En la medida en que, a toda diferencia de los economistas y politólogos positivistas, los liberales enfatizan la importancia de las soluciones independientes y espontáneas a los problemas de la vida por encima de las centralizadas bajo el mando de moralistas o tecnócratas, la novela es preferible a los tratados de economía política. (2) Realismo demográfico. Las ideas de los genios técnicos no suelen convencer a las masas comunes sin que haya algún matiz creativo. Si hemos de convencer al público y ganar la batalla cultural contra el colectivismo y el victimismo, deberíamos atender al lema horaciano de «docere delectando».

Ahora bien, en la obra narrativa de Cervantes se lee una larga serie de reflexiones casuísticas sobre temas morales, políticos y económicos, reflexiones que se hacen eco de los juristas de la Escuela de Salamanca del Renacimiento ibérico a la vez que anticipan los principios del liberalismo clásico de los siglos XVIII y XIX. Unos pocos ejemplos: el comercio puede resolver los conflictos internacionales (La española inglesa), la raza no debería impactar en la política de una república moderna (El coloquio de los perros) y el valor material con frecuencia es algo íntimamente subjetivo (Don Quijote).

Las cartas de Jefferson están llenas de referencias a Don Quijote (once en total, además de ocho cartas al respecto escritas por parte de miembros de su familia y otros conocidos). Incluso puede ser su obra literaria favorita. En unos casos, la alusión es metafórica, aunque no sin significado político. Así es, por ejemplo, el caso de su carta del 19 de julio de 1822 dirigida a Benjamin Waterhouse, en la que alude a la Primera Enmienda a la Constitución: «Don Quijote emprendió a reparar los errores corporales del mundo, pero la reparación de los caprichos mentales sería un trabajo más que quijotesco».

En cuanto a su casa personal en Monticello, Cervantes hace alusión al laberinto metafórico de Sierra Morena en los episodios melodramáticos de la primera parte de Don Quijote. La estatua de Ariadne/Cleopatra en la entrada de la casa, el motivo de la cabeza de buey en la habitación principal y finalmente su estilo imperial mixto y asimétrico, todos esos detalles son indicaciones de que Jefferson, al igual que Cervantes, tenía en mente el laberinto de Creta como un símbolo del mestizaje entre Europa y África que quería fomentar en su propio país.

Jefferson vio que los mundos mediterráneo, caribeño y latinoamericano nos modelan el mestizaje, es decir, nos ofrecen la perspectiva adecuada para desarticular una de las manías más destructivas de nuestra cultura. Si tengo razón, el hombre más responsable por el constitucionalismo norteamericano buscaba su alma en España, que no Francia. La democracia según Jefferson consiste en aprender del pasado y mirar hacia el futuro, y eso implica que Cervantes y tras él los moralistas, políticos y economistas de Salamanca son las fuentes de su pensamiento que más urgentemente nos quedan por desvelar.

Es hora de salir de esa falsa realidad afrancesada, que además de ser fantasía anticuada es poco democrática, y sustituirla por el estudio del español, y no sólo como idioma de uso pragmático sino de valor filosófico, histórico y cultural. El español es parte integral de la actualidad y del futuro que vamos a vivir juntos en el mundo atlántico, y las grandes obras de Cervantes, Jefferson y Borges nos pueden ayudar a hacer realidad ese giro académico.


Obras citadas

  • Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Ed. Francisco Rico. Barcelona: Crítica, 1998.
  • Graf, Eric-Clifford. Anatomy of Liberty in Don Quijote de la Mancha. Lanham, MD: Lexington Books, 2021.
  • Herrero, Javier. “Sierra Morena as Labyrinth: From Wildness to Christian Knighthood.”Critical Essays on Cervantes. Ed. Ruth El Saffar. Boston: G. K. Hall, 1986. 67–80.
  • Jefferson, Thomas. Writings. New York: Library of America, 2011.
  • Escritos políticos. Ed. Antonio Escohotado. Madrid: Tecnos, 2014.
  • Liggio, Leonard P. 1990. “The Hispanic Tradition of Liberty: The Road Not Taken in Latin America.” Lecture, Mont Pelerin Society Regional Meeting, Jan. 12, 1990, Antigua, Guatemala.
Eric-Clifford Graf

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Eric-Clifford Graf

Collaborator of the Hispanic School specialized in the study of the intellectual and political tradition of the Hispanic world. Their research focuses on the relevance of classical thought in modernity.